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domingo, 6 de mayo de 2012

Shanghai, ciudad de grandes contrastes (2ª parte)

Hoy voy a continuar compartiendo con vosotros mi visión de los grandes contrastes de Shanghai. La imagen más conocida de Shanghai es, sin duda, el skyline del Bund con la futurista (y algo hortera) Torre de la Perla. Un conjunto de rascacielos en primera línea del río que de noche se iluminan mostrando mensajes publicitarios con juegos de luces de colores y que pueden admirarse desde el paseo del Bund en el otro lado del río. Varias azoteas con bares y discotecas de última moda despliegan vistas al más puro estilo Manhattan, con relaciones públicas muy fashion que eligen a quién dejan entrar a su local. Eventos, personalidades, muchos extranjeros expatriados dispuestos a disfrutar de la noche de Shanghai, rodeados de bellas jovencitas chinas vestidas a la última moda y con los más caros complementos.

También de día hay eventos en la zona del Bund, como el de esta playa artificial

No muy lejos de allí, convive uno de los barrios aún por desarrollar de Shanghai, en los alrededores de la parada de metro de Xianomen. Un paso atrás en el tiempo, una vuelta a la China tradicional. Los vecinos hacen vida en la calle, los niños juguetean y las mujeres cocinan en fogones exteriores, se venden frutas, verduras y todo tipo de mercancías expuestas sobre la calzada (a pesar de haber un mercado cerrado), bicicletas y motocicletas transportan cargas imposibles...todo ello en unas callejuelas estrechas de casas bajitas en medio de un ordenado caos que, en ocasiones, deja entrever alguno de los modernos rascacielos en el horizonte.

La mejor zona del barrio antiguo con el skyline de Shanghai en el horizonte

Una calle de Xianomen con la Torre de la Perla de Shanghai al fondo


Tráfico en Xianomen
A unas pocas paradas del metro de Xianomen, nos adentramos en un conjunto de casas de la época colonial que recuerdan al estilo londinense, sin perder el toque chino, y que han sido reconvertidas en tiendas de diseño y bares donde los shanghaianos más cool acuden a tomarse un cocktail o dos en la hora feliz o a comprarse uno de los últimos diseños. Es Tianzifang.

 
Tianzifang

Antiguo y moderno conviven en Shanghai. Aún en las zonas desarrolladas, algunas gentes de Shanghai siguen viviendo como lo hacían en los estrechos callejones y no es raro ver transeúntes en pijama por la calle o ropa colgada en cualquier rincón. Muchos gustan de acudir a alguno de los tradicionales mercadillos. Uno de ellos es el de las mascotas en Laoximen. Ubicado en un barrio de altas y modernas torres, muy cerquita también del Bund, se abre un pasadizo en una manzana que da paso a un entramado de puestos de mascotas apelotonadas. Allí se pueden encontrar desde sufridores animalillos domésticos guardados en espacios muy reducidos (conejitos, hamsters, pajaritos...) hasta insectos, fundamentalmente grillos y escarabajos. Los grillos son utilizados para amenizar con su canto y los escarabajos son luchadores que se enfrentan en peleas para que sus dueños ganen un dinero con las apuestas. Para probar la calidad de estos últimos, el comprador excita al insecto con un palito para ver cuan agresiva es su reacción. Curioso entretenimiento.
 
Mercado de animales de Laoximen. Las cestitas de bambú contienen grillos cantores

Un cliente eligiendo un escarabajo guerrero en el mercado de los animales de Laoximen

Cuando les pedí a mis jóvenes amigas con quienes intercambiaba mandarín por inglés, que me llevaran a dónde ellas van a pasar el tiempo libre, ellas, veinteañeras, estudiantes y oriundas de Shanghai, me condujeron a Xintiandi, en pleno corazón de la Concesión Francesa. Centros comerciales de grandes marcas de lujo en unas calles que más recuerdan a una capital europea que a una china. Repletas de turistas extranjeros sí, pero dónde también va la clase media y alta de Shanghai a buscar las últimas incorporaciones de las tiendas de prestigio. En ninguna otra ciudad he visto tantas tiendas repetidas de una misma marca de lujo como en Shanghai. Irónicamente, en esta misma zona está el histórico monumento dónde se reunió el primer congreso del partido comunista chino. El capitalismo más extremo en una de las catedrales del comunismo.


Casas típicas de Xintiandi, Shanghai

Con todo ello, ya no os asombrará que en 2011, enormes carteles celebraran orgullosos el 90 aniversario de la revolución comunista china en pleno centro neurálgico y comercial de Shanghai. ¿Paradójico? Así, son los contrastes de Shanghai, así es, la China moderna.

Cartel conmemorativo de los 90 años de comunisno en el metro Plaza del Pueblo, Shanghai

¿Cuál de las dos Shanghais es la auténtica? ¿Crees que es posible que esta convivencia se prolongue en el tiempo?

miércoles, 25 de abril de 2012

Moviéndose por Shanghai


Shanghai es una ciudad de dimensiones exageradas, especialmente para un europeo medio. Moverse por Shanghai no es difícil pero sí algo agotador. Sus habitantes se mueven en su flamante red de metro o en autobús (ambos adaptados al extranjero con traducciones al inglés como en toda ciudad grande china, todo un detalle para el visitante), en taxi (que desde la expo 2010 cuenta con una línea caliente para extranjeros con servicio 24 horas) y, sobre todo, en moto eléctrica. También hay peatones que intentan deslizarse entre el tráfico y, en las zonas más céntricas, cuentan con modernos pasos elevados y alguna calle peatonal abarrotada de gente.


Una calle de Shanghai en la Concesión Francesa


Nada más llegar a Shanghai un amigo me recomendó que tuviera cuidado con las motos al cruzar la calle. Me pareció un exceso de celo por su parte. No lo era. Las silenciosas motos eléctricas que han sustituido prácticamente en su totalidad a las bicicletas no respetan las normas de circulación y, por tanto, aparecen desde cualquier dirección y sin luces, aunque sea de noche. Poner un pie en la calzada sin mirar previamente puede suponer un riesgo para la vida. Hay que agradecer la existencia de este tipo de vehículos que seguro han mitigado los niveles de contaminación de la ciudad (en contraste con Pekín dónde su uso está menos extendido), pero me pregunto si habrán aumentado el número de atropellos de peatones. ¡Cuidado con las motos, no se les oye venir!

Metro de Shanghai

Si uno coge el metro en hora punta en Shanghai, descubrirá el significado de la superpoblación. Se encontrará que, a pesar de los ingentes esfuerzos de pensionistas voluntarios chinos por mantener el orden, chillando instrucciones con un megáfono para lograr que los usuarios respeten los caminos marcados en el andén para dejar salir y entrar en el vagón, no lo consiguen. Entrar el metro es una lucha encarnecida a empujones, sin ningún tipo de consideración por la vida humana. Sí, ya sé, que el metro en hora punta en Madrid o Barcelona es también infernal, pero, creedme, comparado con el de Shanghai, es un paseo en barca. Y para más inri, los intercambiadores entre estaciones son interminables. Es posible tener que andar un kilómetro para cambiar de una estación a otra. Los que están ya construidos, tienen modernos pasillos con luces de colores y están llenos de tiendas y restaurantes. Otros, aún por hacer, combinan pasos subterráneos con terrestres. Algo desconcertante para el  usuario inexperto. 

Intercambiador en el metro de Shanghai
El taxi es una opción más cómoda y relativamente barata (aunque los precios suben cada poco tiempo). Hay que respetar las normas para tener éxito al coger un taxi: cómo cogerlo, cómo dirigirse al taxista y cómo despedirse de él. Para cogerlo, armarse de paciencia. No siempre paran. Parece que vayan vacíos pero, en realidad, van a recoger a alguien o simplemente no quieren problemas cogiendo a un laowai. Paciencia. Si se va solo, lo educado es sentarse delante. Lo contrario puede admitirse si se es mujer. Para dar indicaciones al taxista, por mucho que se hable algo de mandarín y a menos que se esté muy, muy convencido de la pronunciación correcta (pronunciar chino es muy difícil y los taxistas, a pesar de que se pasan la vida recogiendo a laowais que van más o menos a los mismos sitios, no ponen mucho de su parte), conviene llevarlo por escrito en mandarín y siempre indicando la calle que intersecta. Así con un “wo yào qù…” (quiero ir a...) y mostrar el móvil o papelito con la dirección todo va bien. Y al llegar, muy importante, si se conoce el destino, anunciarlo con un “dào le!” (¡hemos llegado!) para evitar que el taxista se pase de largo. Fácil. Mi experiencia con los taxistas de Shanghai es muy positiva. Alguno hasta me ayudó con los deberes de chino en los semáforos.




Sin embargo, cuando uno se mueve solo en una zona determinada de Shanghai llevado por su chófer (los extranjeros no estamos autorizados a conducir en China aunque alguno lo haga), puede tender a olvidarse de que es una ciudad enorme y encontrarse con alguna otra sorpresa al intentar ir de un extremo a otro. Como le pasó a un amigo portugués que vino a Shanghai de viaje de negocios y cometió el error de no coger la tarjeta del hotel creyendo que cualquier taxista sabría llevarle diciéndole el nombre del hotel por ser uno de lujo. ¡Grave error! Los taxistas no conocen los hoteles, los nombres a menudo cambian en chino y, además,  había media docena de la misma cadena en Shanghai. Tras una peregrinación por los hoteles de la cadena, logró dar con el adecuado y no perder el avión de vuelta a Europa. Y es que Shanghai (como él mismo recordó lamentándose) tiene más población que todo Portugal. ¿A qué dicho así ya parece más imponente?



 
¿Vives o has vivido en Shanghai? ¿Cuál es tu experiencia moviéndote por la ciudad?


viernes, 20 de abril de 2012

Shanghai, ciudad de grandes contrastes (1ª parte)

Ya que mucha gente me lo ha preguntado, hoy, voy a empezar a hablaros de la vida en Shanghai. Por ahora, únicamente he vivido dos meses y pico, pero creo tener ya una visión suficiente y espero que si tú que me lees estás viviendo o has vivido allí, critiques mi opinión, ¡sin piedad!.

Nanjinglu, en pleno centro comercial y de negocios de Shanghai, muy cerquita de People's Square

Uno puede vivir en Shanghai de maneras muy distintas. Es posible vivir en Shanghai y no enterarse de que uno está en China. O como dice un buen amigo mío, darse cuenta sólo porque los carteles están escritos con símbolos raros. Para eso, tan sólo hay que vivir, trabajar y no salirse del barrio de Pudong. 


Pudong, con sus largas y perfectas avenidas, sus torres de oficinas y pisos, sus centros comerciales y sus bares y restaurantes al estilo occidental. En ellos es posible comunicarse en inglés precario. Reconozco que algunas de las torres son impresionantes, el parque Century  muy agradable y muchas zonas deben constituir un ejemplo de urbanismo moderno. Aún así, para mí, Pudong carece de sabor. Únicamente he acudido allí para admirar las torres, visitar a algún amigo, ir a comprar algo en el mercado de las falsificaciones de la parada del Museo de Ciencias (sí, lo admito) y, por supuesto, realizar algún trámite con el visado en el imponente edificio que nos tienen reservado a los extranjeros (y a los chinos que quieren ir a Hong Kong o Macao). Impresionante lo eficientes que son los funcionarios chinos que hablan inglés y piden que evalúes su servicio ad-hoc pulsando un botón (igualito que en España).

Xujiahui, Shanghai
Otra opción, muy común entre los extranjeros residentes o "expatriados" es vivir en un condominio cerca de Jing'an Temple o en Xuhui o en alguna otra zona similar del lado opuesto del río, o sea, al otro lado de Pudong (y muchos kilómetros más lejos). En ese caso, uno dispondrá de un apartamento moderno en una torre, con vistas espectaculares de la ciudad, seguridad 24 horas y unas zonas comunes con jardines, piscina y gimnasio. Todas las comodidades dentro de una bonita colmena. No sólo los expatriados viven aquí, también hay jóvenes familias de chinos de éxito que viven el estilo de vida occidental (o lo más parecido que uno pueda imaginar).

Avenida con Jing'an Temple al fondo

Mi barrio favorito, sin duda, es la Concesión Francesa. Oficialmente no se llama así, cuando he intentado traducírselo a algún chino, me ha mirado con extrañeza e incomprensión. Imagino que ese apartado de su historia se ha perdido en su memoria. Los shanghainanos no le ponen nombre a la zona pero la identifican como zona comercial, de bares y restaurantes, en su mayoría, de estilo occidental. Limitada por la calle Huai Huai al norte y por Tianzifang al sur, es fácil distinguirla por ser una de las pocas zonas de ese lado de Shanghai con arbolado en sus calles y casas bajas de estilo colonial.

Típica casa colonial en la Concesión Francesa


La Concesión Francesa es una mezcla perfecta entre estilo de vida tradicional chino y moderno u occidental. Es posible que coexistan tiendas de moda con ropa que imita (o más bien copia) a las grandes marcas exclusivas de Occidente, con ropa tendida dejada secar colgando en cualquier esquina de la calle.


Una calle cualquiera en la Concesión Francesa. Obsérvese la ropa tendida.



Por las noches, conviven hordas de jóvenes shanghainanos con expatriados en los bares y restaurantes de moda. Bien es cierto, que en algunos de ellos es más fácil ver solo a uno de estos grupos, e incluso, a alguna nacionalidad extranjera en exclusiva (ya se sabe que los españoles en el exilio sí estamos unidos). De día, las motos eléctricas toman las calles (al igual que en cualquier otra zona de Shanghai), junto con modernos coches y transportes tradicionales que correrían peligro en otras áreas de la ciudad y no se suelen ver.


Transporte tradicional en la Concesión Francesa y ejecutivo chino al fondo

China es un país de contrastes, y Shanghai, capital económica de la nación, es una buena muestra de ello. Hoy os he hablado de los sitios en los que suele vivir el extranjero, de entre ellos, quizás sea en la Concesión Francesa, mi zona preferida de la ciudad, dónde si se detiene uno a mirar, es posible atisbar curiosidades. Aún hay muchas más, pero eso será ya otro post. Tendréis que volver por aquí para leerlo. ¡Os espero!

¿Vives en Shanghai? ¿Qué opinas de la ciudad? ¿Cuál es tu zona preferida?





miércoles, 28 de marzo de 2012

Parques y jardines en China

La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido (¡cómo me gusta la frase!). ¿Y qué mejor tema primaveral que hablar de parques y jardines? Eso sí, de China. 
Empecemos por los jardines. Un jardín chino suele estar cerrado y, en los más famosos, hasta hay que pagar una pequeña entrada para acceder al recinto. Acostumbran a ser un tanto laberínticos, llenos de recovecos con sorprendes mini paisajes de postal tras cada giro, espacios con agua y casitas típicas chinas que (creo) son como altares o casa de té o incluso muestran objetos clásicos de época. 

Jardín en Jiading, Shanghai
Si os gustan los jardines típico chinos, en Suzhou podéis visitar varios de ellos. Además es una ciudad muy interesante, pese a su relativa cercanía a Shanghai, tiene carácter propio, con sus canales y su calle principal tipo alameda. Volviendo a los jardines, los de Suzhou son especialmente hermosos.

Jardín en Suzhou
Además en Suzhou se pueden ver varias pagodas, una de ellas es la que llamo la torre de Pisa china y está en uno de los jardines más bonitos que además ofrece vistas de la ciudad (el jardín está en una colina, a la torre no dejan subir, ¡qué lástima!).

En la colina del tigre de Suzhou
Toda ciudad china que se precie tiene, al menos, un jardín principal y Shanghai no iba a ser menos. Su Yuyuan o Jardín de Jade es muy bonito y es una delicia perderse en él (una delicia y casi inevitable porque es imposible orientarse o yo no supe...).


Pasemos a los parques. Aquí destacaría el de Hangzhou. Otra ciudad cercana a Shanghai (gracias al tren de alta velocidad) y que también merece la pena visitar. Hangzhou ha crecido mucho en los últimos años (como todo en China) pero conserva el encanto de sus tiendas de ropa y seda y de su maravilloso lago del Oeste que ya fue admirado por Marco Polo en su día. Estrictamente hablando no es un parque pero, como es muy especial, no quería dejar de mencionarlo.

Lago del Oeste, Hangzhou
El lago es enorme. Se tarda toda una mañana en recorrerlo a pie. Y como en todo parque con lago en China, tiene sus barquitos para dar el paseo. Se puede elegir entre el tipo góndola versión china.


Y la barcaza con cabeza de dragón, que también se estila mucho en los parques con lago de China.
 
"En el cielo está el paraíso y en la tierra están Suzhou y Hangzhou" dicen los chinos y no les falta algo de razón. Aunque se han modernizado bastante, ambas ciudades son visita casi obligada y más si se es un amante de parques y jardines.

Lo más característico de la vida en los parques chinos son dos cosas: la práctica de taichi al amanecer (que ya comenté en otro post) y la de los bailes populares. La primera vez que vi un grupo de baile en un parque fue en Beijing (más tarde lo vi en toda ciudad que he visitado). Enseguida se organizó un corro de gente mirando y yo esperaba que pasarán el sombrero al terminar...¡qué va! En lugar de ello, parte del público se unió a la fiesta espontáneamente. Se conoce que a los chinos les gusta bailar (normalmente solo a las mujeres aunque en el video que os dejo salió un espontáneo barón) y para ello utilizan los parques públicos sin pudor. ¡No imagino tanta alegría colectiva sin ánimo de lucro en un parque español!




Espero que hayáis disfrutado con el resumen y que sepáis perdonar que las fotos no sean de primavera. Tendré que volver a visitar estos lugares para tener una imagen de la estación. Sería bonito.

¿Has estado en un jardín chino? ¿Y en un parque? ¿Cuáles son tus favoritos?

 





jueves, 2 de febrero de 2012

Primeros pasos en China

China, el gigante asiático, el país de los grandes contrastes y drásticos cambios, en el que cualquier movimiento social insignificante se magnifica por el tamaño de su población, y la censura y el arte de la falsificación hacen que nada sea lo que parece. Con su historia y cultura milenarias rápidamente aniquiladas en la revolución cultural de los 60 – 70 y recientemente sustituidas por una incipiente sociedad de consumo y pseudo - capitalismo agresivo. Una nación a la que miran, admiran y recelan por igual el resto de naciones del mundo, conscientes de su creciente poder. Esa es China y allí quise ir para vivirla y conocerla en primera persona.
Me decidí por Shanghai, la capital económica de China y el modelo de la nación futura. 



Y comencé por apuntarme a un curso de chino en una de las universidades de mayor prestigio de la ciudad y del país. Ya había estudiado un par de años en España, así que, me atreví con el tercer nivel (yo y la china que me examinó, claro). Y allí tuve mi primera sensación "Lost in Translation". Imaginaros una clase con 20 estudiantes orientales y una diminuta profesora china hablando rápidamente en mandarín. Por supuesto, me senté junto al único occidental que vi, y que resultó ser un americano de mediana edad, afincado desde hacía 4 años en Shanghai y que... ¡lo entendía todo! Pero no lo leía. ¡Y menuda velocidad desplegaba la maestra china escribiendo caracteres en el ordenador y mostrándolos con el proyector! Cuando ella ya iba por el cuarto caracter, yo seguía intentando trazar el primero y aún pensaba el significado del anterior. ¡Qué estrés! El americano duró un día. Bienvenidos al sistema educativo chino: una lección, un día y 40 caracteres nuevos. Sin vuelta atrás. Sin preguntas. Tremendo. 
Mis compañeros asiáticos (coreanos y japoneses) parecían enterarse de todo. Y me tenían miedo, o timidez, o me tomaban por tonta, o por rara, o qué-se-yo, pero no me hablaban (menos mal que encontré españoles en otros grupos para poder comentar la jugada). Hasta que un coreanito dio el paso y la solución. Le pedía diariamente los apuntes a la profesora y me los enviaría. A mí y a un inglés, que entre lo perdido que iba y lo bajito que era, yo aún no había vislumbrado. ¡Ya podía repasar en casa entendiendo lo que leía!


Y poco a poco fui dándome cuenta de que mis compañeros no eran tan listos. La profesora repetía lo mismo hasta la saciedad. Y los coreanos descubrieron lo barata que estaba la cerveza en China. Y empezaron a faltar y a dormirse en clase. Porque sí, está socialmente admitido en la cultura asiática dejar caer la cabeza sobre el pupitre para echar una cabezadita en plena lección. Empezaba a dejar de ocupar el último puesto en la clase. Hasta que tuve mi primer gran choque cultural con la intransigencia china. La profesora ya no quería darme los apuntes. No era justo para el resto. ¿Cómo? ¿Yo no podía interrumpir la clase para preguntar pero tampoco tener un refuerzo para casa? E hice lo peor que podía haber hecho y, sin saberlo, con testigos. Dos coreanitas que nos escuchaban desde el fondo del aula con la boquita en forma de "o" y los ojitos abiertos como platos, como en un dibujo manga. Me enfrenté a la profesora y le exigí los apuntes porque, al fin y al cabo, yo pagaba ese curso. Acabó accediendo ese día. Pero mi triunfo duró poco. Tras recibir un correo preocupado del coreano (que no había ido ese día a clase pero le había llegado la onda y me preguntó como portavoz del resto) y tranquilizarle diciéndole que no estaba ya disgustada, comprendí que había causado un drama. Y, efectivamente, la profesora, que, a sus ojos, había perdido el honor, se vengó no volviendo a escribir en clase. Sin apuntes que llevarme ya no me los tenía que dar. Fin del problema y primera lección aprendida, en China no se puede cambiar el sistema y cuidado con avergonzar a un chino.

¿Tú qué opinas? ¿Te ha pasado algo parecido? ¡Cómpartelo en este blog!