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domingo, 6 de mayo de 2012

Shanghai, ciudad de grandes contrastes (2ª parte)

Hoy voy a continuar compartiendo con vosotros mi visión de los grandes contrastes de Shanghai. La imagen más conocida de Shanghai es, sin duda, el skyline del Bund con la futurista (y algo hortera) Torre de la Perla. Un conjunto de rascacielos en primera línea del río que de noche se iluminan mostrando mensajes publicitarios con juegos de luces de colores y que pueden admirarse desde el paseo del Bund en el otro lado del río. Varias azoteas con bares y discotecas de última moda despliegan vistas al más puro estilo Manhattan, con relaciones públicas muy fashion que eligen a quién dejan entrar a su local. Eventos, personalidades, muchos extranjeros expatriados dispuestos a disfrutar de la noche de Shanghai, rodeados de bellas jovencitas chinas vestidas a la última moda y con los más caros complementos.

También de día hay eventos en la zona del Bund, como el de esta playa artificial

No muy lejos de allí, convive uno de los barrios aún por desarrollar de Shanghai, en los alrededores de la parada de metro de Xianomen. Un paso atrás en el tiempo, una vuelta a la China tradicional. Los vecinos hacen vida en la calle, los niños juguetean y las mujeres cocinan en fogones exteriores, se venden frutas, verduras y todo tipo de mercancías expuestas sobre la calzada (a pesar de haber un mercado cerrado), bicicletas y motocicletas transportan cargas imposibles...todo ello en unas callejuelas estrechas de casas bajitas en medio de un ordenado caos que, en ocasiones, deja entrever alguno de los modernos rascacielos en el horizonte.

La mejor zona del barrio antiguo con el skyline de Shanghai en el horizonte

Una calle de Xianomen con la Torre de la Perla de Shanghai al fondo


Tráfico en Xianomen
A unas pocas paradas del metro de Xianomen, nos adentramos en un conjunto de casas de la época colonial que recuerdan al estilo londinense, sin perder el toque chino, y que han sido reconvertidas en tiendas de diseño y bares donde los shanghaianos más cool acuden a tomarse un cocktail o dos en la hora feliz o a comprarse uno de los últimos diseños. Es Tianzifang.

 
Tianzifang

Antiguo y moderno conviven en Shanghai. Aún en las zonas desarrolladas, algunas gentes de Shanghai siguen viviendo como lo hacían en los estrechos callejones y no es raro ver transeúntes en pijama por la calle o ropa colgada en cualquier rincón. Muchos gustan de acudir a alguno de los tradicionales mercadillos. Uno de ellos es el de las mascotas en Laoximen. Ubicado en un barrio de altas y modernas torres, muy cerquita también del Bund, se abre un pasadizo en una manzana que da paso a un entramado de puestos de mascotas apelotonadas. Allí se pueden encontrar desde sufridores animalillos domésticos guardados en espacios muy reducidos (conejitos, hamsters, pajaritos...) hasta insectos, fundamentalmente grillos y escarabajos. Los grillos son utilizados para amenizar con su canto y los escarabajos son luchadores que se enfrentan en peleas para que sus dueños ganen un dinero con las apuestas. Para probar la calidad de estos últimos, el comprador excita al insecto con un palito para ver cuan agresiva es su reacción. Curioso entretenimiento.
 
Mercado de animales de Laoximen. Las cestitas de bambú contienen grillos cantores

Un cliente eligiendo un escarabajo guerrero en el mercado de los animales de Laoximen

Cuando les pedí a mis jóvenes amigas con quienes intercambiaba mandarín por inglés, que me llevaran a dónde ellas van a pasar el tiempo libre, ellas, veinteañeras, estudiantes y oriundas de Shanghai, me condujeron a Xintiandi, en pleno corazón de la Concesión Francesa. Centros comerciales de grandes marcas de lujo en unas calles que más recuerdan a una capital europea que a una china. Repletas de turistas extranjeros sí, pero dónde también va la clase media y alta de Shanghai a buscar las últimas incorporaciones de las tiendas de prestigio. En ninguna otra ciudad he visto tantas tiendas repetidas de una misma marca de lujo como en Shanghai. Irónicamente, en esta misma zona está el histórico monumento dónde se reunió el primer congreso del partido comunista chino. El capitalismo más extremo en una de las catedrales del comunismo.


Casas típicas de Xintiandi, Shanghai

Con todo ello, ya no os asombrará que en 2011, enormes carteles celebraran orgullosos el 90 aniversario de la revolución comunista china en pleno centro neurálgico y comercial de Shanghai. ¿Paradójico? Así, son los contrastes de Shanghai, así es, la China moderna.

Cartel conmemorativo de los 90 años de comunisno en el metro Plaza del Pueblo, Shanghai

¿Cuál de las dos Shanghais es la auténtica? ¿Crees que es posible que esta convivencia se prolongue en el tiempo?

miércoles, 11 de abril de 2012

Cháng Chéng o la gran muralla china

Estar en China, visitar Pekin y no acercarse a ver la muralla es inconcebible para todo viajero. Yo no iba a ser menos. Así pues, fuí, por cumplir con el ritual. Y volví impresionada con la visita. Ya lo dejó dicho Mao: "Aquel que no haya estado en la Gran Muralla no es un hombre verdadero. Ver la Gran Muralla se convertirá en un sueño para amigos de todo el mundo". Y yo me convertí en uno de ellos.


Fui con una amiga española y otra de Singapur, esta última de origen chino, así que, teníamos un arma secreta para encontrar el camino a la muralla. Sería fácil. Sin embargo, en China nada es lo que parece. El metro de Pekin es bastante limitado (comparado con el de Shanghai) y llegamos tarde al punto de partida de los autobuses a los recorridos menos transitados de la muralla, así que, nos tuvimos que conformar con ir al más accesible desde la capital de China: Badaling.


A pesar de tratarse del más fácil de llegar, aún tuvimos nuestro momento de incertidumbre, ya que, el número de autobús no se correspondía con el recorrido marcado en la parada. Vamos que contábamos con una china en el grupo, nos habíamos estudiado la guía y los foros de Internet, pero al final recurrimos a cuatro palabras rápidas: "cháng chéng? cháng chéng?" y una revisora que literalmente nos embutió en un autobús. Fue todo tan rápido, que no pudimos rescatar a un pobre viajero americano que iba totalmente perdido y que nos había preguntado extrañado si cogía el bus que le decía la guía, se iba con uno de los choferes que nos acosaban a todos o qué hacía...Pobrecito. Espero que llegara a buen puerto. Nunca más le vimos.

Badaling cuenta con un centro para el visitante perfectamente preparado (de allí es la foto con las citas de Mao), con sus jardincitos, cafeterías y...¿cómo no? tiendas de recuerdos para que los chinos puedan volver a casa con sus dulces (¿típicos?) en una cajita que ponga "Cháng Chéng" en letras historiadas. La muralla está bastante restaurada pero aún conserva el encanto. Está abarrotado de turistas, claro, la mayoría chinos. Aún así, por una simple elección de caminar hacia la izquierda en lugar de la derecha, tras quince minutos de cuesta logramos, por unos instantes, tener la sensación de estar absolutamente solas ante la inmensidad de la muralla. Y la muralla impresiona. Una, inocentemente, se la imaginaba como una especie de tapia o muro de Berlín extendido, pero la muralla china se adapta a la oreografía, sube y baja como lo hacen las colinas que indundan el paisaje, preservando el toque chino en el estilo constructivo de sus torres de vigía almenadas.


Anduvimos, o sería más exacto decir escalamos, un par de horas por la muralla. Si uno está dispuesto, se podría pasar días allí, imagino. No es fácil subir y bajar, la muralla no está diseñada para dar cómodos paseos, los escalones son altos y con pendiente pronunciada. En Badaling es sencillo, pero, según me han comentado en otras zonas, los escalones, a veces, hasta se pierden y, caminar por la muralla se parece más a una sesión de montañismo. Imagino que por eso uno se encuentra con carteles que advierten al visitante que "no haga tonterías".

La traducción es bastante libre, creo que dice que respetes el monumento y no te lleves las piedras. Como si fuera fácil...

Menos mal que no hice la tontería de no ir a ver la Gran Muralla. No en vano ostenta el nuevo título de maravilla del mundo.

¿Y tú? ¿Has estado en la muralla china o te gustaría ir? ¿Cuál es tu opinión?

miércoles, 28 de marzo de 2012

Parques y jardines en China

La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido (¡cómo me gusta la frase!). ¿Y qué mejor tema primaveral que hablar de parques y jardines? Eso sí, de China. 
Empecemos por los jardines. Un jardín chino suele estar cerrado y, en los más famosos, hasta hay que pagar una pequeña entrada para acceder al recinto. Acostumbran a ser un tanto laberínticos, llenos de recovecos con sorprendes mini paisajes de postal tras cada giro, espacios con agua y casitas típicas chinas que (creo) son como altares o casa de té o incluso muestran objetos clásicos de época. 

Jardín en Jiading, Shanghai
Si os gustan los jardines típico chinos, en Suzhou podéis visitar varios de ellos. Además es una ciudad muy interesante, pese a su relativa cercanía a Shanghai, tiene carácter propio, con sus canales y su calle principal tipo alameda. Volviendo a los jardines, los de Suzhou son especialmente hermosos.

Jardín en Suzhou
Además en Suzhou se pueden ver varias pagodas, una de ellas es la que llamo la torre de Pisa china y está en uno de los jardines más bonitos que además ofrece vistas de la ciudad (el jardín está en una colina, a la torre no dejan subir, ¡qué lástima!).

En la colina del tigre de Suzhou
Toda ciudad china que se precie tiene, al menos, un jardín principal y Shanghai no iba a ser menos. Su Yuyuan o Jardín de Jade es muy bonito y es una delicia perderse en él (una delicia y casi inevitable porque es imposible orientarse o yo no supe...).


Pasemos a los parques. Aquí destacaría el de Hangzhou. Otra ciudad cercana a Shanghai (gracias al tren de alta velocidad) y que también merece la pena visitar. Hangzhou ha crecido mucho en los últimos años (como todo en China) pero conserva el encanto de sus tiendas de ropa y seda y de su maravilloso lago del Oeste que ya fue admirado por Marco Polo en su día. Estrictamente hablando no es un parque pero, como es muy especial, no quería dejar de mencionarlo.

Lago del Oeste, Hangzhou
El lago es enorme. Se tarda toda una mañana en recorrerlo a pie. Y como en todo parque con lago en China, tiene sus barquitos para dar el paseo. Se puede elegir entre el tipo góndola versión china.


Y la barcaza con cabeza de dragón, que también se estila mucho en los parques con lago de China.
 
"En el cielo está el paraíso y en la tierra están Suzhou y Hangzhou" dicen los chinos y no les falta algo de razón. Aunque se han modernizado bastante, ambas ciudades son visita casi obligada y más si se es un amante de parques y jardines.

Lo más característico de la vida en los parques chinos son dos cosas: la práctica de taichi al amanecer (que ya comenté en otro post) y la de los bailes populares. La primera vez que vi un grupo de baile en un parque fue en Beijing (más tarde lo vi en toda ciudad que he visitado). Enseguida se organizó un corro de gente mirando y yo esperaba que pasarán el sombrero al terminar...¡qué va! En lugar de ello, parte del público se unió a la fiesta espontáneamente. Se conoce que a los chinos les gusta bailar (normalmente solo a las mujeres aunque en el video que os dejo salió un espontáneo barón) y para ello utilizan los parques públicos sin pudor. ¡No imagino tanta alegría colectiva sin ánimo de lucro en un parque español!




Espero que hayáis disfrutado con el resumen y que sepáis perdonar que las fotos no sean de primavera. Tendré que volver a visitar estos lugares para tener una imagen de la estación. Sería bonito.

¿Has estado en un jardín chino? ¿Y en un parque? ¿Cuáles son tus favoritos?

 





sábado, 24 de marzo de 2012

Yangshuo, destino turístico por excelencia

Antes el destino turístico para conocer el paisaje típico chino de colinas redondeadas era, sin duda, Guilin, más tarde pasó a ser Yangshuo, y pronto tendrá que ser otro sitio, porque Yangshuo ya ha sido conquistado por las masas. Aún así, yo tuve la suerte de conocerlo desde un punto de vista diferente, con gente local, y es por eso que me enamoró totalmente.

Vista de Yangshuo "downtown" con las típicas colinas redondeadas siempre de fondo
Mi gran amiga enseñándonos el Moon Hill
¿Cómo logré integrarme con la gente local? Gracias a Bob, un californiano enamorado de China, que pasa largas temporadas en la zona y recluta a extranjeros con ganas de hacer de profesores de ingles voluntarios. Él me puso en contacto con Dawnyi, una joven mujer china excepcional, encantadora y muy inteligente que me abrió las puertas de su casa a cambio de amistad y una mínima colaboración en su escuela de inglés. Para mí, Dawnyi es el ejemplo de la mujer moderna china que busca su propia independencia. Proveniente de la china rural, fue a Yangshuo a aprender inglés (ya comenté en otro post que muchos chinos van allí por eso) y acabó teniendo su propia academia para niños. Y es una magnífica profesora, mucho mejor que tantas otras que yo haya visto. Los niños la adoran y aprenden mucho con ella. Increíble el perfecto acento que ha logrado sin haber salido de China, gracias a su esfuerzo y dedicación. Ayudarla en las clases fue una experiencia enriquecedora y muy divertida. A pesar de que los niños de Yangshuo están muy acostumbrados a tratar con extranjeros, se volvían tímidos al tratar directamente conmigo. Y, a pesar de mis dudas, poco les importó saber que el inglés no era mi lengua materna. Al fin y al cabo, es el vehículo de comunicación con los blanquitos de nariz larga.

Con mi nueva amiga volví a ir en bicicleta para recorrer la campiña local, asistí a la reunión para practicar inglés o "English Corner" y conocí a sus amigos del pueblo. Todos me acogieron de maravilla.

Pescado a la cerveza, plato típico de Yangshuo
Fue muy especial la visita a la casa de campo del profesor de taichi de Dawnyi. Me invitaron a probar el pescado a la cerveza acompañado de arroz, verduras y, ¡cómo no! licor de arroz para hacer un "campei" (brindis). El lugar era un pequeño oasis en la campiña, oculto desde la carretera pero lo suficientemente cerca para que yo pudiera llegar en bici a pesar de mi torpeza. Allí aprendí, entre otras cosas, a distinguir entre los perros que se crian para comer y los que son mascotas. ¡Tranquilos!, no fué por su sabor. Únicamente me llevé la decepción al saber que los simpáticos cachorros que acompañaban al "tío" de Dawnyi (que no es su tío pero en China se usa como apelativo cariñoso para personas cercanas) iban a ser vendidos en el mercado en cuanto crecieran y no como perros de raza precisamente. He de admitir que esta práctica, poniéndome en situación, ya no me parece tan extraña como lo hacía antes de venir a China.

El "tío" de mi amiga
En el apartado más típicamente turístico de mi estancia en Yangshuo, Dawnyi y yo hicimos bamboo rafting. Yo, en mi ignorancia, estaba algo preocupada por la seguridad, ya que, nos imaginaba saltando rápidos en una barcaza hecha de bambú. Nada más lejos de la realidad. Se trataba de un agradable paseo en balsa admirando el hermoso paisaje cárstico. Desgraciadamente, la explotación extrema de la zona hace que el paisaje se vea frecuentemente interrumpido por vendedores de todo tipo que han colocado sus puestos flotantes en el río y están compinchados con el barquero que hace lo posible para que pares en ellos. Al ser interrogado por mi amiga, descubrimos que los balseros están dominados por cuatro caciques que los organizan a cambio de un alto porcentaje del precio. Como ya hay exceso de barqueros, muchos días hacen solo un par de servicios y, por tanto, dependen de las comisiones (o propinas) para completar el sueldo.  A pesar de todo, el paisaje es tan bonito que el paseo es altamente recomendable. Allí también vimos a un tradicional pescador con cormoranes, toda una suerte, porque esto se ha convertido ya en atracción turística y es difícil avistarlos en su entorno natural.

El lanzamiento de las barcas de bambú al río

El pescador con sus cormoranes
Sí hay algún salto en el recorrido, pero nada que asuste. Nuestro barquero, muy precavido, nos hizo bajar momentáneamente. El recorrido está completamente preparado para el turista.

Los "rápidos" del río Yulong
West Street en plena efervescencia nocturna
Como parte de Yangshuo, Dawnyi me enseñó el Yanghuo más turístico: West Street. Es una calle atiborrada de turistas y llena de tiendas de venta de souvenirs y bares y restaurantes estilo occidental. Sin embargo, no son solo turistas extranjeros, más bien todo lo contrario. Yangshuo, como decía al principio, ya ha sido tomado por las masas. Las masas de turistas chinos. Cientos y cientos de ellos, en su mayoría jóvenes, acuden a la West Street en busca de noches de fiesta y alcohol al más puro estilo Benidorm pero con río en lugar de mar y colinas cársticas y casas típicas chinas, en vez de torres de apartamentos. Invadido, sí, interesante, también. Al fin y al cabo, esta es la nueva sociedad china y también hay que conocerla. No todo es negativo. Esta gran afluencia de turistas ha contibuido a la prosperidad de la zona y a darla a conocer en el mundo. Si no fuera así, probablemente mi amiga nunca habría llegado a ser la joven empresaria que es. Y tampoco existiría el espectáculo Impressions Liu Sanjie. Un show de luces y músicas que da trabajo a más de 600 personas de la zona que, noche tras noche, iluminan el paisaje del río Li en un musical al aire libre diseñado por el coreógrafo de los Juegos Olímpicos de Beijing. Yo era reticente a ir y fui gracias a la insistencia de Dawnyi. Impresionante. Fuego, luces y música en el mayor teatro al natural del mundo con el río y las colinas típicas de la zona como decorado.

Yangshuo Impressions Liu Sanjie
Yangshuo estará muy explotado turísticamente pero su belleza sigue intacta y el encanto de sus gentes lo hacen muy especial. Espero poder volver muy pronto a este pequeño paraíso natural chino.

¿Has tenido la suerte de visitar Yangshuo? ¿Qué opinas de lo explotado que está?



martes, 20 de marzo de 2012

Esos simpáticos peluches...los osos panda

Os advierto que este post va a ser pastelón pero era inevitable. Poder ver de cerca a más de 100 osos panda deja en un estado tan "blandito" que no he sido capaz de escribirlo de otra manera.
El oso panda, animal fascinante, peluche con forma de gato - oso gigante chino. Ese simpático animalito que hemos visto jugar (y faltar el respeto) a nuestra Reina Sofía. El oso panda, uno de los símbolo de China, un país en que no se respetan algunas libertades pero en el que atentar contra un oso panda puede llevar a la cárcel o a algo aún peor (no seré yo quien diga algo en contra en este caso). Estar en China y no ver a un oso panda era imperdonable. Así pues, lo incluí entre las actividades de mi visita a Chengdu.


Los pandas están en un centro de conservación a las afueras de la ciudad. Allí acudí con una parejita de holandeses que me encontré de camino. Tenía muchas dudas acerca de si me iba a gustar la visita, por aquello de ver a los ositos atrapados en un zoo. Sin embargo, están muy bien tratados y tienen suficiente espacio para moverse, jugar, comer y dormir (que es lo que más les gusta). El panda tiene que estar prácticamente todo el día comiendo dado que es muy grande y solo come bambú.

Es un espectáculo increíble observar a estos gigantes animales que parecen tener expresión de humanos y adoptan posturas muy peculiares. ¡Solo les falta andar erguidos para ser un perfecto dibujo animado! Se desperezan, se sientan casi como nosotros, juegan, y parecen sonreír todo el tiempo. Y aguantan pacientemente los comentarios de los visitantes.


Y como guinda de la visita, los bebés. Antes de ir al centro, ya me había informado de que cobran unos 100€ al cambio por dejar tocar un panda bebé. Parecía excesivo. Sin embargo, al ver la cola de gente esperando se comprende perfectamente. Si todos pudieran acariciar a las crías... ¡se desgastarían del roce!. Enternecedores. Igualitos que los bebés de cualquier sala de neo natos de un hospital.


Por último, os dejo un dato curioso: no todos los pandas son enormes y en blanco y negro. ¡Hay pandas rojos! Parecen más un mapache americano que un oso y reciben muchas menos atenciones por parte de los visitantes que sus primos gigantes. Son rápidos de movimientos y graciosos pero nada comparable a la visión del panda gigante.


Recordando a los pandas me ha quedado un post algo dulzón y descafeinado pero necesitaba hacerles mi pequeño homenaje particular. Aún así espero que hayáis disfrutado de estos simpáticos peluchitos. Si tenéis la ocasión de verlos de cerca, ¡no os los perdáis!

¿Has visto al oso panda? ¿Te gustó? ¡Cuéntanoslo!

miércoles, 14 de marzo de 2012

Chengdu, capital del picante

Llegué a Chengdu un poco por casualidad. Para mí se trataba de una ciudad de paso antes de entrar en el Tibet. La suerte quiso que fuera Chengdu y resultó ser una visita muy completa. Pude admirar el Gran Buda de Leshan, visitar los osos panda y recorrer el Chengdu más moderno de la mano de mis nuevos amigos chinos.
Mis anfitriones improvisados en Chengdu
Los que hayáis leído mi visita al Buda, sabréis que allí conocí a una chica china que me acompañó todo el tiempo. Gracias a ella pude coger sana y salva (y barato) el autobús de vuelta a Chengdu. En el autobús seguimos con nuestra conversación en pseudo mandarín (lo de pseudo por mí, claro, no por ella). Así supe que era madre de una niña que hace ballet y que el profesor de danza vivía en Chengdu y que ella había quedado con él a cenar. También creí entender que era divorciada y que estaba de viaje escapada de vacaciones. Yo le dejé caer que no había probado aún el huoguo o hotpot que es plato típico de la zona porque al estar sola no tenía gracia. Parece que captó el asunto porque nada más llegar a Chengdu, allí estaba su amiguito esperándola, nos presentó y le anunció que nos íbamos todos juntos a pasear y a cenar huoguo. Me pareció genial la idea, tras dos meses y medio en China ya era capaz de hacerme amiga de chinos sin que nadie me los presentara y ... ¡comunicándome en su idioma! Menos mal que ya conocía las costumbres y, por eso, no me pilló por sorpresa que me cogiera del brazo y de la mano, cual pareja. Esto es habitual entre amigas (¡y amigos!) en China y no implica nada sexual. Eso sí, raro se me hacía un rato. El amigo, que era un chavalín, estaba encantado de tener allí una laowai y enseguida aprovechó para practicar su inglés. ¡Se me acababa lo de comunicarme en mandarín! Bueno, no del todo, porque su inglés no era muy avanzado...


Y empezó nuestro paseíto por el Chengdu moderno. El chico iba enseñándole los edificios a su amiga y relatando el año de construcción de cada uno, que era, como mucho, tres años antes. Ella estaba asombrada de lo irreconocible que estaba la ciudad desde su última visita. Y es que, el gobierno chino se ha propuesto modernizar el país y Chengdu es la gran apuesta del oeste. 

Estatua de Mao en Chengdu

Juegos de luces de neón iluminaban la nueva gran plaza comercial de Chengdu, con la flamante estación de metro en el subterráneo y una fuente de colores decorando el centro de la plaza. Los carteles de las tiendas de las grandes marcas de lujo que decoran toda gran ciudad china completaban el cuadro de la nueva urbe de Chengdu que fascinaba a mis nuevos amigos y a mí me dejaba algo decepcionada por la falta de sabor chino. Paseamos por dentro de centros comerciales, mirando las modernas tiendas y me ayudaron a regatear para comprarme calcetines para mi próximo viaje al Tibet. Todo ello salpicado, ¿cómo no?, de paradas para hacernos fotos en múltiples posiciones y posturas. Entre tanta opulencia capitalista y modernidad, queda un guiño a la tradición comunista china con una enorme estatua de Mao que, desgraciadamente, estaba tapada por obras. Mis amigos no repararon en ella y no comprendieron mi interés por fotografiar lo menos impresionante para ellos de todo lo que estábamos visitando.

Y llegamos al restaurante de huoguo. Comprobé felizmente que estaba repleto de gente local y, por tanto, iba a poder probar la auténtica receta y no algún preparado para turistas incautos. Mis amigos me interrogaron acerca de mi capacidad para soportar el "là" o picante. Al ver que dudaba, se decidieron por un huoguo, mitad y mitad, es decir, mitad sin picante y mitad con. Os explicó en que consiste esta comida para los que no lo sepáis. Las mesas están preparadas con un hornillo, como si uno fuera a comer una fondue (de hecho el sistema es muy parecido pero sin queso y con mucho picante), y los camareros traen una especie de olla con agua hirviendo en la que los comensales van introduciendo ingredientes variados y se los comen cuando están cocidos. La parte del picante era de color rojo por la cantidad de guindillas que tenía (¿os imagináis cómo quemaba?). Las ramas (sí, ramas no sólo bolitas) de pimienta negra ocupaban buena parte del caldo. Mis amigos pidieron todo lo imaginable para comer en el huoguo, desde calamares y cerdo a pasta china y verduras desconocidas para mí.


Como podéis imaginar, no es fácil cazar la comida dentro de la balsa hirviente y con la única ayuda de unos palillos. A pesar de tener ya cierta práctica, nada era comparable a la de mis compañeros de mesa. Mi amiga me salvó en un par de ocasiones de morir por quemaduras en la boca, deteniéndome antes de comerme una pieza para limpiármela de guindillas y pimienta. ¿Me gustó el huoguo? No especialmente. Ahora eso sí, divertido y entretenido es bastante. Y calienta el cuerpo, sin duda. Me recordó al juego de Operación (ese en que había que sacarle las partes al muñequito con delicadeza para que no pitara y se encendiera su nariz). Si quieres saber lo que es de verdad el picante, es obligado probar el huoguo en Chengdu, capital de Sichuan, la región de la comida picante en China. No os dejará indiferentes. Nuevamente gracias a mis amigos chinos.

¿Has estado o vives en Chengdu? ¿Qué opinas de esta ciudad? ¿Te gusta el huoguo?




jueves, 8 de marzo de 2012

Visita a Buda en China

Muchos chinos son budistas. Quizás sería más exacto decir eran budistas (me refiero a los chinos continentales, claro). Los efectos de la revolución cultural y del comunismo en general, han hecho que el culto a cualquier religión sea muy reducido y que queden muy pocos templos antiguos. Aún así, siguen quedando enormes estatuas de Buda en China que impactan. La más impresionante de las que he podido ver es el Buda Gigante de Leshan, al que fui por matar el tiempo y que luego me alegré mucho de visitar por lo espectacular y lo divertido de la aventura que ahora os contaré.

Ofrendas en el templo de Leshan
Me encontraba en Chengdu, capital de Sichuan, la provincia del picante, apuesta de ciudad del futuro del gobierno chino y última parada para muchos viajeros antes de entrar en Tibet. Mi albergue estaba justo al lado de la estación de autobuses y me informaron que había un autobús a Leshan aproximadamente cada hora y que quedaba a una hora y media de camino. Fácil. Inexplicablemente no había casi viajeros en el albergue, o, quizás, se me habían escapado todos temprano, así que, iría de excursión sola (no sé cómo pero salía a la calle ya casi a la 1 de la tarde, más tarde supe que esto fue una suerte, por las mañanas es imposible ver el Buda por la cantidad de grupos de turistas que hay). Me acerqué a la estación de autobuses, no sin antes equivocarme de entrada e intentar acceder por el parking, en vez de por la puerta, ante la mirada estupefacta de los conductores chinos que me indicaron mi error haciendo muchos aspavientos. Superada la primera barrera, quedaba la de esperar la interminable cola. Por fin, me tocó el turno y me entendí perfectamente con la vendedora que me indicó que tenía la suerte de tener un autobús en veinte minutos. Muy satisfecha conmigo misma, compré el billete y acudí a la plataforma de salida. ¿Dónde estaba el autobús? Allí solo había aparcado un monovolumen. Ante mi cara de desconcierto, un hombre joven chino que estaba esperando me preguntó en medio chino - medio inglés que dónde iba (ser tan expresiva y de una raza diferente ayuda mucho para que se le acerquen extraños a ayudarle a una). Le expliqué que a ver el Leshan Dafo (Buda Gigante de Leshan). Y él afirmó que también iba a Leshan y que suponía que el monovolumen iba allí. Y de paso me dio su tarjeta y me explicó que era comercial de no-sé-qué. Apareció el conductor y nos confirmó que iba a Leshan y al Buda y nos subimos al vehículo, yo en el asiento del copiloto. Vinieron más pasajeros, todo mujeres chinas y, como ya estaba lleno el monovolumen, emprendimos la marcha. El conductor mantuvo la típica conversación de taxi conmigo: "de dónde eres", "qué bien hablas mandarín", "¡ah!, claro has estado en Shanghai", "y el Buda estará aún abierto o no", etc. que creo que es universal entre cualquier taxista y pasajero extranjero, con ligeras variaciones por idioma o ubicación. A continuación, silencio y paisaje. Y cuando los carteles ya anunciaban Leshan, empezó una ardua discusión en el coche de la que deduje que las mujeres exigían ser llevadas directamente a la ciudad y no tenían interés alguno por el Buda. El comercial acudió en mi defensa, diciendo que "la chica extranjera quiere ir al Buda". Yo corroboré esto y el conductor puso paz diciendo que daba tiempo a todo (o algo parecido). Dejamos a todo el mundo en Leshan y nos dirigimos al Buda. Me había quedado sola con el conductor y el Buda no se veía por ningún sitio (y eso que era gigante). Empecé a preocuparme por asegurarme la vuelta y  a calcular  cuánto me costaría  un taxi hasta  Chengdu en caso de quedarme  tirada...
Mi amiga preparando la ofrenda
Y entonces, ¡sorpresa!, había una última mujer china que se había dormido profundamente durante todo el viaje, tan acurrucadita que su presencia me había pasado desapercibida. De repente, volvió a la vida y preguntó por el Buda. ¡Qué suerte la mía! Ya no estaba sola. Se trataba de una chica más o menos de mi edad (calcular esto es una temeridad pero imaginé que era así), muy elegantemente vestida, con traje de chaqueta negro con falda y taconazos. Idóneo para subir a ver al Buda Gigante. Ella y el conductor empezaron a discutir las opciones para volver a Chengdu, yo intenté meter baza cómo pude pero ella se apresuró a asegurarme que "buyong danxin", que no me preocupara y que la siguiera. Y llegamos al Buda (que yo seguía sin verlo pero al menos había un cartel y una entrada), y nos bajamos la chica y yo. Y empezamos nuestra visita conjunta. Fue de lo más curioso. Ella estaba divertidísima de ir con una extranjera y de ver mis dificultades por mantener una conversación aceptable en mandarín. Y encantada de contar con fotógrafo. Cada tres o cuatro pasos me pedía que le hiciera una foto y posaba, feliz y contenta, con postura estudiada, muy a la china. Me explicó que venía de una provincia del sur cuyo nombre no logro recordar pero que en su tierra hacía calor, y que esta mañana había sentido frío y que, como no tenía otra ropa de invierno, se había embutido en ese modelito que había comprado el día anterior de capricho. A mí el razonamiento no me convenció demasiado, yo creo que quería salir guapa en las fotos. Todo esto que explico aquí de corrido me costó algo de interpretar pero, mira por dónde, ¡nos comunicábamos!.
La visita consistía en ir subiendo la montaña (el monte Emei para más señas), visitando distintos templos budistas, en cada uno de los cuales, mi nueva amiga dejó la correspondiente ofrenda y rezó un ratito para, finalmente, llegar a la cumbre desde la que se descendía a los pies del Buda. Yo estaba muy impresionada con su capacidad para escalar escalones embutida en su falda tubo y los tacones. Formábamos una extraña pareja y nos hicieron alguno foto los curiosamente pocos turistas chinos que había. El descenso al Buda era especialmente costoso y en pendiente pronunciada. Pero mi amiga era experta en tacones y logró bajar y subir en perfecta forma física. Y, por fin, llegamos al final del camino. Y entendí por qué no había visto al Buda antes. Estábamos en una pequeña explanada, con el río en frente y el Buda de espaldas. La estatua está esculpida en la montaña y se ve desde el río. Aparentemente, está allí dispuesta para proteger a los navegantes y es el más grande de China y del mundo de estas características. Sea como fuere, resulta espectacular. El dedo gordo del Buda es ya el doble o triple de grande que una persona. Lograr que el cuerpo entero cupiera en una fotografía, misión casi imposible. La sensación de hormiguita bajo la presencia del Buda es impresionante.


Si tenéis la suerte de estar cerca de Leshan, no dejéis de visitar el Buda, eso sí, por la tarde.
Mi amiga cumplió su promesa y volvimos juntas a Chengdu, pero esa ya es otra historia.

¿Has estado en Leshan? ¿Qué opinas del Buda Gigante, será el más grande del mundo?





domingo, 26 de febrero de 2012

Mis amigos chinos

Al tratar con un chino me he encontrado con situaciones muy diversas que podríar resumir en cuatro tipos de chino (aunque esto de generalizar nunca está bien y se trata de una burda simplificación):


Primera situación: el chino que se asusta del extranjero. Aunque parezca increíble, especialmente porque he pasado la mayor parte de mi estancia en Shanghai, que está repletito de extranjeros, aún hay muchos chinos para los que un occidental es poco menos que un alienígena. Ya cuando ven acercarse al extranjero de frente buscan evitar el contacto. Y cuando el extranjero (o sea yo) se les dirige, a pesar de ser en medio mandarín, se bloquean y hacen como que no entienden. Si la petición es muy sencilla (como comprar algo pequeño), responden al estímulo pero sin emitir sonidos. A veces resulta cómico y es algo a lo que no me acostumbro. En España mucha gente que cree que el extranjero no le entiende, tiende a chillarle como si fuera sordo; en China, el chino no habla con el extranjero como si él (el chino) fuera mudo. En una ocasión, realmente creí que el dependiente que me atendía era mudo. Y casi le hablo por signos, pero, claro, esto no es muy útil, porque nuestros signos y los suyos son distintos...Mi asombro fue mayúsculo cuando, después de mí, llegó un cliente local y se dirigió a él con voz alta y clara.


Segunda situación: el extranjero es tratado como una estrella de cine. De nuevo sorprendentemente, hasta en el centro de Shanghai, ocurre con frecuencia que un chino para a un extranjero y le pide emocionado hacerse una foto con él (seguramente son turistas chinos en la gran ciudad). La primera vez que me ocurrió me quedé muy sorprendida, luego ya hasta se le coge el gustillo a eso de ser considerado famosillo solo por ser de otra raza. Esta diferencia también puede tener sus ventajas. El extranjero es rápidamente identificado y catalogado para lo bueno y para lo malo. En una ciudad en medio de China, iba con dos amigos occidentales. Uno de ellos se ausentó por una llamada y, al entrar en la inmensa estación llena de gente, no nos veía. Enseguida un grupo de chinos le rodearon y le llevaron hasta nosotros. Blanquito con blanquitos. Problema resuelto.

Tercera situación: el chino que quiere aprender inglés. Si te encuentras con uno, olvídate de practicar mandarín. Y de hablar también. Te cogerá por banda y no te soltará. Eres extranjero, da igual que el inglés no sea tu lengua materna, para el chino laowai es sinónimo de hablar perfecto inglés. Recuerdo en un tren de 4 horas en medio de China, la chica que tenía al lado me lo contó todo, todo, todo. Supe de su familia, su infancia, su gran amor y parte de la historia de China. y un par de películas. Imposible intentar cambiar al mandarín. Creía que se ahogaría de tanto hablar pero no, resistió estoicamente mientras el corillo de chinos de nuestro alrededor nos miraba estupefactos y envidiosos.

Cuarta y última situación: el chino que siente curiosidad por el extranjero, quiere acercarse a él y lo trata con amabilidad y normalidad. Así es como hice mis grandes amigos chinos. Algunos han perdurado en el tiempo. Otros han aparecido en algún momento de desconcierto cual ángeles salvadores y han vuelto a desaparecer. Como las chinitas que me ayudaron en mi frustración, recién llegada a Lhasa, muerta de cansancio por el shock de la altura y desesperada porque ningún taxista quería recogerme. Surgida de la nada, una china encantadora me brindó su ayuda y me llevó a mi hotel. O mi "hermana pequeña" china que ya antes de llegar a Shanghai se había ofrecido a ayudarme (la conocí buscando piso) y que, al ver que no le contactaba, ya llegada a Shanghai, insistió en quedar conmigo muy preocupada y me introdujo en su familia y amigos desde el primer día.  O en Xinping, un pequeño pueblo del sur de China que había ido a visitar sola y en el que no quería dejar de dar el paseíto en barca por el hermoso paisaje del río Li. Me adoptó un grupo de turistas de Shenzen y con ellos disfruté de la puesta de sol y de la compañía. Acabaron llevándome en su autobús de vuelta a Yangshuo, como uno más de ellos. Son muchas las situaciones que me han permitido encontrar a chinos encantadores que me han acogido y tratado como una más. Mis amigos chinos.


¿Te has visto en alguna de estas situaciones? ¿Cuál es tu experiencia? ¡Cuéntanosla!


jueves, 16 de febrero de 2012

Los chinos quieren aprender inglés

La traducción al inglés a veces falla...
Los chinos quieren aprender inglés y se han propuesto conseguirlo. Los niños lo aprenden en la escuela desde pequeñitos y, siempre que hay un turista cerca,  sus padres les animan a acercarse a probar su nivel de inglés con él. Los universitarios tienen que estudiar inglés obligatoriamente, independientemente de la materia a la que se dediquen. Como resultado, en las zonas turísticas, es común que la gente interpele al turista con un "hello, hello". También muchas veces me he encontrado hablando en chino y recibiendo la respuesta en inglés. Esto me irritaba bastante. ¿Por qué todos los chinos han de pensar que todo occidental ha de hablar en inglés sea cual sea su país de origen? Finalmente he comprendido que para ellos el idioma para comunicarse con el occidental es el inglés y que están deseosos de practicarlo y de mejorar y, por eso, no pierden ocasión para hacerlo.  
Yangshuo, un pequeño y encantador pueblo turístico cercano a Guilin, en el sur de China se ha convertido en un centro para aprender inglés. El detonante fue el dueño de una academia que lanzó la revolucionaria idea de obligar a sus alumnos chinos a salir a la calle y practicar inglés con los turistas, reforzando la idea de que todo extranjero tiene buen nivel de inglés, independientemente de su origen. La idea cosechó bastantes éxitos porque obliga a los chinos a practicar su inglés oral y, como resultado, en Yangshuo hay multitud de academias para aprender inglés y muchos chinos acuden a mejorar su inglés oral. Si un occidental quiere pasar un tiempo en China pagándose la estancia, en Yangshuo puede fácilmente encontrar trabajo a tiempo parcial como profesor de inglés y disfrutar a la vez del pintoresco paisaje. También yo  ayudé a una profesora de inglés en sus clases un par de días (en mi caso únicamente a cambio desinteresadamente), sus jóvenes alumnos estaban encantados de tener a una extranjera con quien practicar su inglés, aunque fuera española, al fin y al cabo, ya venía de Europa y tenía los ojos más abiertos.

Ahora bien, no penséis que todos los chinos hablan inglés y que, por tanto, podéis manejaros fácilmente en China hablando inglés. No es así. Aún no. Pero se lo han propuesto muy en serio y estoy convencida de que lo lograrán. Igual que están logrando que todos los chinos hablen mandarín y que muchos extranjeros lo estemos estudiando, llegarán a hablar también inglés. Cuando los chinos hablen inglés se acabó el estatus superior que tienen muchos "laowai" u occidentales que trabajan en China. Así pues, habrá que aprender mandarín, para no jugar con desventaja. En eso estamos. 


Yangshuo
¿Cuál es tu experiencia hablando en inglés con chinos? ¿Tienes agún ejemplo de traducción divertida como la de la foto?